Policías en Bolívar se unen para ayudar a mujer en condición de discapacitada

Por: Emilio Gutiérrez Yance
La madrugada del 26 de mayo, el cielo sobre San Juan Nepomuceno, Bolívar, se llenó de angustia. Las lloviznas se transformaron en una tormenta con vientos huracanados que golpearon sin tregua al municipio, dejando techos arrancados, árboles caídos y hogares destrozados. Entre los más afectados estuvo la vivienda de doña Yolanda, una mujer en condición de discapacidad que, además de enfrentar diariamente las barreras físicas, ha sido abandonada por sus hijos y dejada a su suerte.
La furia de la naturaleza destruyó buena parte de su vivienda: se fue el techo, se arruinaron sus pertenencias, y lo poco que tenía de comida perecedera quedó inservible. Yolanda, sola y sin recursos, pasó la noche bajo la lluvia con una mezcla de impotencia y resignación. Pero no todo estaba perdido.
Fue entonces cuando llegó la Policía Nacional. Y no para hacer un reporte más. Bajo el liderazgo del comandante de estación y el equipo de Policía Comunitaria, conformado por el subintendente Juan Emilio Izquierdo Bula, y los patrulleros Arleys Paola Márquez y Edwin Andrés Sánchez, nació una respuesta que fue mucho más allá del deber institucional.
Al ver la situación de vulnerabilidad extrema de Yolanda, los uniformados activaron redes de solidaridad y gestionaron el apoyo de comerciantes, vecinos y voluntarios del municipio. En cuestión de horas, se habían articulado con diferentes establecimientos de comercio de San Juan Nepomuceno para recolectar alimentos, utensilios, ropa, y especialmente, materiales de construcción para reparar el techo y parte de la estructura afectada.
Pero no solo llevaron ayuda material. Llevaron compañía, palabra cálida, escucha atenta y la promesa —cumplida— de que ella no estaba sola. Esta mujer, a quien la vida le arrebató tanto, encontró en los brazos de la Policía un refugio emocional y una red de apoyo real.
“Yo ya no esperaba nada de nadie, pero llegaron ellos… y me devolvieron la esperanza”, dijo Yolanda, mientras observaba a los policías y vecinos colocando nuevas láminas en su casa, limpiando los escombros y reorganizando su humilde hogar.
La Policía no solo cumplió con su papel de garante de la seguridad. Se transformó en un canal de soluciones humanas. A través del trabajo comunitario, lograron reconstruir más que una vivienda: restauraron la dignidad y la fe de una mujer marginada, mostrando el rostro más solidario y humano de la institución.
La historia de Yolanda nos recuerda que las tragedias no se enfrentan solo con respuestas frías y técnicas. Se enfrentan con empatía, organización y voluntad de servir. Y en San Juan Nepomuceno, esa voluntad tuvo uniforme verde oliva.


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