La Ruta del Color: la iniciativa comunitaria que devolvió la esperanza a un pueblo y proyectó a Sucre ante el mundo

Por: David Hernández
Cuando Óscar Ortega Gil se sentó a hacer los bocetos de cómo quería que se vieran las casitas de palma de Betulia, jamás imaginó que su iniciativa terminaría siendo un proceso de transformación social. La Ruta del Color no solo ha integrado a la comunidad en un mismo objetivo, sino que también devolvió la sonrisa a muchos, se convirtió incluso en cura para la depresión.
Hoy, en Sucre y la región esta genial idea es referente de identidad cultural y trabajo comunitario, el impacto ha sido tanto que el año pasado Óscar fue invitado al Foro Mundial de la Paz en París, donde, en dos escenarios icónicos, la Universidad de la Sorbona y las galerías Lafayette, socializaron esta significativa experiencia, que desde lo artístico ha convocado y reunido a un pueblo en un proceso de participación comunitaria que visibilizó ante el mundo a un pueblecito de la Sabana sucreña que se puso de moda y proyectó internacionalmente al departamento de Sucre.

La Ruta del Color representa la identidad cultural, el rescate del patrimonio y el desarrollo turístico del municipio, es la transformación de casas de bahareque en lienzos que narran la historia y la memoria local, además, dinamiza la economía a través del turismo sostenible. La colorida iniciativa también se convirtió en un instrumento para crear un ambiente de paz y solidaridad, pues, con la Ruta del Color nació Betulia Solidaria, un movimiento dirigido por Carmen, hermana de Óscar, que con el apoyo de la comunidad han restaurado más de 10 viviendas en el pueblo brindando un hogar en condiciones dignas para ser habitado.
Óscar, el precursor de la colorida iniciativa ha pensado desde tiempos pasados en la transformación de su pueblo a través del arte. “Siempre hemos estado haciendo cosas por Betulia, lo primero fue un mural que hicimos frente a mi casa, hacíamos cine, luego para 2019 invitamos a un pianista de música clásica con su piano, que vino desde Bogotá. Los niños y los adultos eran maravillados porque muchos nunca habían visto un piano. Cuando estaban bajando el piano del vehículo que lo transportó era como una escena macondiana, por toda la gente que se hizo alrededor y en la noche tuvimos aún más gente viendo el espectáculo del pianista en el parque, donde interactuó con músicos locales”, recordó Óscar.
Óscar es publicista, fotógrafo y diseñador gráfico, quien a pulso a construido una carrera internacional que lo ha llevado a vivir a San Francisco, Los Ángeles y París, donde desarrolla su trabajo creativo en Europa y Latinoamérica, pero su corazón y su vocación de servicio siempre han permanecido en Betulia, donde nació hace 53 años.
“La Ruta del Color nace por el deseo de recuperar el parque de Betulia que queda a dos cuadras de mi casa y siempre ha estado abandonado, tumbaron el viejo para hacer uno nuevo, pero nunca hicieron nada, entonces me reuní con un grupo de amigos de aquí del pueblo que tenían la idea de hacer un aviso a la entrada del pueblo que dijera Betulia. Empezamos a trabajar en esa idea, yo les propuse que ese aviso mejor se hiciera aquí en el parque, que fuera como un punto clave para mostrar, porque a la gente le encanta tomarse foto en esos letreros. Entonces la gente del pueblo de a poquito donaba lo que podía para comprar el cemento, la varilla y todos los materiales que se necesitaban, ese fue el primer escenario donde parte de la comunidad interactuó por primera vez en un proceso comunitario, que dio paso al colectivo que hoy se conoce como Amigos del Parque. Esa experiencia sirvió para despertar a la gente y nos dimos cuenta que unidos podíamos construir, entonces lo que siguió fueron los murales en las viviendas”, explicó Óscar.
Los betulianos encontraron en la unidad la manera más simple de hacerle frente a la indiferencia que muchos años sumió a su pueblo en el olvido y el abandono.
“Las casitas de palma que son completamente vernáculas y construidas netamente con materiales de la región siempre me parecieron muy lindas, además que cuentan la historia de nuestras raíces, pero cada vez que regresaba al pueblo las veía más deterioradas y abandonadas, era como si a nadie les importara. Entonces me puse a dibujar en una hoja, dibujé como 10 casitas con 10 diseños diferentes y las pasé al computador y se los mostré a Cecilia Gil, una amiga del pueblo, a quien le gustó la idea al igual que a los muchachos de Amigos del Parque. Desde el primer momento ese proyecto lo llamé La Ruta del Color porque empezamos a imaginar que las personas al ver las casitas con sus murales se iban a querer tomar fotos y entonces si en esas viviendas vendían jugo de corozo, diabolín y otros productos propios, los locales iban a poder tener un ingreso”, pensó Óscar.
La primera vivienda que pintaron fue la de las hermanas Severiche Pérez, en el año 2023.
“Con el computador fui hasta la casa de ellas, les mostré el mural que quería plasmar en esa vivienda, les conté en qué consistía la iniciativa de recuperar las casitas de palma. Al principio ellas no entendían, pero era más como ese arraigo a lo suyo, no asimilaban de un todo qué de un día para otro alguien quisiera pintar su casa que tiene más de 80 años de tener sus paredes al natural. Fue duro, pero finalmente las convencí. Las señoras se dedican a vender botones y otros elementos de modistería con los que se ganan la vida, así que mi diseño fue pensado en todos esos materiales, pero ellas fueron contundentes y me dijeron que no, que mejor pintáramos flores con unos pajaritos y eso pintamos”, entre risas, recordó Óscar.
Tras pintadas las tres primeras viviendas con las que floreció la iniciativa, la cotidianidad de Betulia nunca más volvió a ser la misma, las redes sociales fueron la vitrina para mostrar los diseños estampados en las tradicionales casas de palma, la gente empezó a llegar y a publicar fotos, Betulia y sus coloridas fachadas estaban por todas partes. Las imágenes se viralizaron en las distintas plataformas digitales, cada vez eran más los visitantes. Los turistas como golondrinas en verano aparecieron en las calles, los andenes y bordillos de las casas que un día estuvieron cubiertas de olvido.
La producción de manjares locales y tradicionales como el diabolín, el casabe y las bolitas de leche aumentó, algunas viviendas fueron adaptadas como restaurantes y hostales para atender a los turistas, la alegría resplandecía en cada rinconcito del pueblo. “Estaba llegando tanta gente que tuvimos miedo de que fuera algo pasajero, pero ya han pasado tres años y el turismo se mantiene”, confesó Óscar.
Desde ese entonces Los Amigos del Parque dejaron de ir casa por casa preguntando quién quería un mural, ahora la gente empezó a hacer fila para que les pintaran sus casas. Las hermanas de Óscar son las encargadas de visitar las viviendas, conocer la vida de sus residentes, sus oficios y todas las historias que se conjugan al interior de las casas de palma. Esa información es trasmitida a Óscar, quien se encarga de trasladar esos relatos en un mural que luego es plasmado por artistas locales, que lo hacen sin esperar nada a cambio.
“Son muchas las historias que se guardan en cada una de las viviendas que intervenimos. Recuerdo varias, como la de Delfina, una señora de 103 años de edad que se la pasó toda la vida haciendo sobrecamas con retazos de telas. Yo la molestaba diciéndole que se había vuelto famosa después de los 100 años, ella se ría, era feliz de ver su casita decorada con el arte con el que sustentó varias generaciones. La gente se tomaba fotos con ella, la entrevistaban, esa casita guardaba mucho sentimiento. Un año y medio después de hacerle el mural falleció”, recordó Óscar con nostalgia.

Otra de esas tantas historias rescatadas en las casitas de palma es la de Juancho, quien desde joven anheló ser un acordeonero reconocido y tocar al lado de grandes intérpretes del folclor colombiano, sueño que no pudo cumplir, pero la revolución de la Ruta del Color tenía algo muy especial preparado para él, que no solo sorprendería a los betulianos, sino a todo el territorio sucreño: Carlos Vives cantando la Hamaca Grande, mientras Juancho le tocaba el acordeón, hecho memorable ocurrido el 12 de enero a las 9:00 de la mañana del año pasado en la casa de Juancho, suceso que quedó registrado en fotos y videos, donde la felicidad y la dicha de Juancho desbordaba en versos.
“Juancho me decía, ya me puedo morir feliz, no se lo creía, tener a Carlos Vives a su lado en el corredor de su casa cantando, mientras decenas de personas se agolparon en la calle a corear la canción que cantaban, solo de recordarlo se me eriza la piel, porque todo esto se resume en el trabajo y el aporte que hemos hecho todos para reinventarnos desde el arte y que nuestro pueblo saliera del olvido en el que estaba”, puntualizó Óscar.
El arte a través de la pintura estaba llenando de alegría al pueblo y de felicidad a los corazones, en cada rincón de Sucre y la región se empezó a hablar de las casitas de colores de un pueblo en la Sabana.
“El arte ha llenado al pueblo de esperanza y cada nueva historia que encontramos en las casas que seguimos interviniendo nos motivan a seguir impulsando y fortaleciendo esta iniciativa. En una de estas humildes viviendas encontramos a una señora triste, aburrida, con pocas ganas de vivir, pero después que pintamos su casita y empezó a llegar gente a tomarse fotos, a sentarse en su corredor, se hizo notorio el cambio en la actitud, ahora se le veía sonriendo y saludando. Yo concluyo que la interacción con las personas la sacó de ese estado depresivo y su vida cambió”, rememoró Óscar.
Los recursos económicos para hacer posible los murales sobre las 58 viviendas que hasta el momento se han pintado, de 140 que han identificado, han sido gestionados por Óscar, que ha tocado las puertas de amigos, vecinos y familiares quienes siempre le han colaborado. En algunos casos los propietarios de la vivienda costean los costos en los que se incurre.
Pero la pintura en algunos casos no lo era todo, Óscar comprendió que era muy triste tener coloridas fachadas mientras por dentro las viviendas estaban destruidas, así que gracias a la gestión social del líder de la Ruta del Color y su combo de amigos, muchas de estas casitas quedaron con cocina, baño y espacios adecuados para dormir, dignificando la vida de sus moradores, en su mayoría adultos mayores. Las necesidades se convirtieron en oportunidades para transformar la realidad de un pueblo que parecía detenido en el tiempo. El arte no solo trajo turistas, sino que también le devolvió la sonrisa a muchos en el pueblo.
Estanlin Severiche Gil es uno de esos betulianos que agradece a Dios por la Ruta del Color, pues, la iniciativa trajo paz a sus noches y esperanza a sus días. “Me siento orgulloso de hacer parte de este colectivo, hoy puedo hablarle a usted sin sentir pena, porque antes lo hacía inseguro, debido a que me hacían falta varias piezas dentales, pero Óscar con Los Amigos del Parque me ayudaron a recuperar la dentadura y eso es algo que se agradece toda la vida. A la Ruta llegué porque ver las casitas de palma pintadas para mi es como darle vida al pueblo. Yo me acerqué a Óscar y le comenté que también los quería acompañar. Durante el proceso algunas personas me decían: tu eres loco, para qué te metiste en eso, si ahí no pagan. Yo les decía que lo hacía porque yo también podía donar mi tiempo y mi conocimiento en albañilería para mejorar las casitas de mi pueblo”, declaró Estanlin.
El aporte de Estalin en la Ruta del Color precisamente es el de restaurar las paredes de las casas tradicionales, las cuales están hechas con materiales locales y técnicas ancestrales, por lo general son de bahareque, que es un entramado de caña revestida con boñiga de vaca y paja, ofreciendo un excelente aislamiento térmico.
“La Ruta del Color me cambió la vida, porque ahora siento que con mi mano de obra estoy poniendo un granito de arena en el desarrollo del pueblo”, concluyó Estanlin, quien agregó que ha aprendido a pintar.
Así como la de Estanlin, encontramos otras historias en el colectivo que está detrás de la belleza que hoy deslumbra a propios y visitantes en Betulia, como la de Juan Sebastán Hernández Blanco, que gracias a la Ruta del Color pudo surgir como artista plástico.
“Antes que apareciera la iniciativa yo estaba en oficios varios, haciendo lo que saliera, pero muy lejos de la pintura porque aquí en el pueblo el arte estaba apagado. Llegué a la Ruta por una publicación que Los Amigos del Parque hicieron en redes sociales, donde anunciaban que iban a hacer murales en varias viviendas, que todo aquel que tuviera idea en dibujar o pintar se podía unir, de esta manera me sumé. Después de hacer los primeros murales las puertas laboralmente se me abrieron, me empezaron a llamar para hacer murales en locales comerciales y viviendas. Ahora sí puedo decir que vivo del arte”, reveló Juan Sebastián.
En el caso de Juan Sebastián compartir con otros artistas locales y de otros departamentos le ayudó a obtener más conocimiento y complementar su técnica.
“Aquí yo he visto haciendo murales a profesores, padres de familia, amas de casa y muchas otras personas que jamás pensé que podían tener esos conocimientos. También han llegado muralistas de otros departamentos. Definitivamente la iniciativa de la Ruta del Color es lo mejor que le ha podido pasar a nuestro pueblo en los últimos años”, aseguró Juan Sebastián.
Una sola convocatoria fue suficiente para que decena de betulianos desempolvaran sus habilidades con el pincel y le dieran color y vida a su pasión por el arte, como Antonio Suárez Badel, quien cuando niño se destacó en la escuela en las clases de artística por su calidad en la pintura, pero tan pronto terminó el bachillerato ese deseo quedó sepultado. Ahora, después de 40 años, su sueño despertó.
“Es un orgullo participar en este proceso que ha convertido a Betulia en un museo a cielo abierto, es una experiencia muy satisfactoria para todos los que aportamos a la Ruta porque que el pueblo a través del arte se está posicionando como destino turístico en la Sabana”, aportó Antonio.
El docente e historiador Jhon Jaraba Ortega, nativo de Betulia, define la Ruta del Color como un proceso de identidad y resignificación de un lugar que de cierta manera estaba olvidado, que hoy nos muestra las posibilidades de cambio a través del trabajo cívico comunitario y que cuando no hay una interferencia política en dichos procesos hay más apropiación y sentido de pertenencia por parte de la comunidad.
“Cuando los muchachos llegan a una vivienda donde se va a construir el mural, los ocupantes de esa casa muestran su emoción al momento de narrar los oficios de las familias que habitan ese lugar, esa información se convierte en una forma de narrar la memoria, porque si el propietario de aquella vivienda ya no está o los que la habitan ahora son muy jóvenes y desconocen detalles de la familia que fundó esa vivienda, los vecinos hacen sus aportes sobre las actividades que se desarrollaban en esa casa, los familiares que no están en el pueblo vienen o llaman y también aportan información, entonces se empieza a hacer un tejido y una reconstrucción desde diferentes voces, fortaleciendo la interacción y la participación comunitaria”, explicó el docente.
Esa iniciativa comunitaria que transformó la tradición en un atractivo turístico, alcanzó uno de los máximos reconocimientos en noviembre del año pasado cuando la cultura de Sucre llegó a Francia. Meses antes del histórico día Óscar recibió una llamada de ProColombia, entidad del Estado que se encarga de promover el turismo del país en el exterior. Ellos le manifestaron a Óscar que habían conocido del auge de su iniciativa y que además les había gustado mucho porque es un proyecto que nació desde la misma comunidad, mejoró muchos aspectos en el municipio y trajo bienestar a sus habitantes, así que querían que dicha experiencia fuera presentada en el Foro Mundial de la Paz en París, un evento global de mucha trascendencia a nivel mundial.
“Se puede imaginar lo emocionado que estaba yo al escuchar ese mensaje, jamás pensamos que esta idea trascendiera tanto y menos llegar a la Sorbona de París que es como la Meca del conocimiento. Fue un reto porque tenía que hacer la presentación en francés ante un público muy culto, intelectual, la verdad tenía miedo. Para la exposición hice afiches con fotos que había tomado de las casas acá en Betulia, mostrando detalles, colores y sonrisas, era como una galería de arte. Con diapositivas iba mostrando, primero hice una georeferenciación empezando por Suramérica, hasta llegar a Betulia, pero también mostré las playas de Coveñas, Tolú y San Onofre. Lo mismo hice con los paisajes de la Sabana, la arquitectura, ganadería, los árboles que florecen en verano como el cañaguate con sus flores amarillas. Fue muy interesante hablar allá de todo lo bello que hay en el departamento, porque no es usual que en un evento magno se hablé del arte y el turismo que se puede hacer en Sucre, entonces fue una oportunidad de oro”, aseguró Óscar.
En cuanto a la exaltación al arte betuliano también ‘hay que mencionar que en 2024 La Ruta del Color hizo parte de “100 Nuevos Líderes de Colombia”, reconocimiento que destaca el impacto de las iniciativas culturales y sociales. En este mismo año el color de Betulia llegó a la Feria Nacional de Turismo (ANATO) en Bogotá.
De acuerdo a lo narrado por el fundador de la Ruta del Color, a Betulia ha llegado gente hasta de Dinamarca, esto debido a que muchos turistas que visitan las playas de Sucre a la hora de buscar planes alternos les cuentan del pueblecito que tiene unas casitas lindas de colores, luego ven las fotos y terminan viviendo la experiencia.
“Recientemente estuvieron acá unos argentinos que venían de haber estado en San Onofre, en las playas de Rincón del Mar y así seguirán llegando extranjeros que disfrutan del turismo artístico, que también quieren experimentar el tema gastronómico, deleitar nuevos sabores, ver cómo vive la gente, sentarse a hablar con un nativo, entonces ese es el turismo que queremos aquí, más humano, más consciente, consumiendo lo local, ese turismo que construye es el que necesitamos”, anotó Óscar.
La Ruta del Color, además de encender talentos que estaban apagados y descubrir otros ocultos, sirvió para conocer la solidaridad de un pueblo.
“Dentro de la Ruta tenemos otra iniciativa a la que hemos llamado Betulia Solidaria, la cual es liderada por mi hermana Carmen. Aquí hemos visto manifestada la generosidad de los betulianos, es gratificante ver cómo se arma esa red de colaboración, porque una persona dona los bloques, otro las ventanas, uno la arena, otro dice yo pongo mi mano de obra y así, de esa manera, con la unión de todos, hemos restaurado 10 viviendas que hoy cuentan con los elementos necesarios como cocina, baño y camas, brindando un espacio cómodo y digno a quienes las habitan”, resaltó Óscar.
Actualmente el plan es vincular a los niños en la construcción de los siguientes murales para que desde los más chicos se apropien de la iniciativa y haya transferencia de conocimiento entre generaciones. Cada día el tema de la pintura en Betulia toma más relevancia, no solo para los locales, sino también para los foráneos, pues, al pueblo han llegado muralistas de Aracataca, Barranquilla y Medellín, quienes han venido a aportar y a enseñar la construcción de murales. Por eso cada día son más las manos y corazones que se suman para seguir fortaleciendo la Ruta del Color, que ya no solo es una muestra de arte que dinamizó la economía, sino que también se convirtió en un vehículo para llevar bienestar a quienes más lo necesitan.
Betulia salió del anonimato y se consolidó como un ejemplo de trabajo colectivo en la región, proyectándose además como destino turístico. Este proceso fortaleció la unión y el trabajo comunitario, impulsó el desarrollo social, cultural y económico e inspiró a otros pueblos a recuperar y embellecer sus tradicionales casitas de palma. A punta de pincel Los Amigos del Parque rescataron espacios y los transformaron en escenarios de identidad, encuentro y orgullo comunitario, posicionando a Betulia como un territorio creativo, cultural y lleno de oportunidades para el desarrollo social.


Auxiliar de policía asesinó a preso tras intento de fuga
Redadas contra el microtráfico dejan 11 capturados en los Montes de María
Dos personas fallecieron en accidente de tránsito
Katia Soto asume como directora del ICBF Sucre
Se registró un nuevo homicidio en Tolú
Dos hombres perdieron la vida en accidente de tránsito
La Ruta del Color: la iniciativa comunitaria que devolvió la esperanza a un pueblo y proyectó a Sucre ante el mundo
Alcalde de Pedraza fue herido a bala en Barranquilla
Barranquilla y su área metropolitana bajo fuego