El fenómeno de la «contaminación auditiva y visual» desplazando al patrimonio inmaterial
Por: Jerzy Bertel Perna
Es una lucha entre la espectacularidad tecnológica (los car audio y la música urbana) contra la esencia rítmica que define la identidad de las Sabanas de Sucre. Es paradójico que en la tierra del Porro y el Fandango, el sonido de un bombardino sea «devorado» por un bafle.
¿Carnaval o Concierto de Bafles? El SOS de nuestra Tradición Sabanera.
Las calles de Corozal y Sincelejo, y demás que antes vibraban al son del clarinete, la gaita y del Pito atravezao, hoy enfrentan una amenaza silenciosa —o más bien, estruendosa—. Lo vivido recientemente en la «Noche Corozalera» y en las pasadas festividades del 20 de enero deja una preocupación latente: la cultura tradicional está perdiendo la batalla contra el decibelio.
La dictadura del «Car Audio».
Es innegable que el despliegue de luces y sonido atrae a las masas. Sin embargo, cuando en un desfile encontramos más de 35 vehículos con potentes amplificaciones frente a apenas un puñado de 5 bandas de música en vivo, el equilibrio se rompe. El resultado es la invisibilización del artista.
¿Cómo puede un grupo de pito atravesado o una banda sabanera competir contra una muralla de parlantes que anula cualquier matiz melódico?
El palco: de la apreciación al irrespeto. El deterioro no solo está en el desfile, sino en la logística de los palcos. Lo que antes eran espacios de encuentro con animadores y grupos folclóricos en vivo, se han transformado en «bunkers» de sonido que compiten entre sí. Es lamentable observar cómo, al paso de una comparsa que lleva meses ensayando, los operadores de sonido no tienen la cortesía de bajar el volumen, obligando a los bailarines a danzar un ritmo que no escuchan y al público a perderse la riqueza de nuestra música tradicional.
Hacia una regulación necesaria.
No se trata de prohibir la modernidad, sino de reglamentar la convivencia. Es urgente que las alcaldías, secretarías de cultura y organizadores de carnavales contemplen:
- Zonas de Silencio Tecnológico: Tramos específicos donde el uso de amplificadores externos esté prohibido para permitir la audición de grupos en vivo.
- Protocolo de Palcos: Obligatoriedad de silenciar o disminuir el sonido comercial al paso de grupos folclóricos y bandas tradicionales.
- Cuotas de Participación: Garantizar que el número de agrupaciones de música tradicional sea proporcional o superior a las agrupaciones que dependen de pistas digitales.
- Cultura del Espectador: Recuperar el respeto por el artista, evitando el uso de espumas y agua que dañan instrumentos y vestuarios que cuestan esfuerzo y sacrificio.
Si permitimos que el estruendo opaque la gaita, los tambores y demás aires tradicionales estamos condenando a nuestras futuras generaciones a un carnaval sin alma. La tradición no se mantiene sola; se protege con políticas claras y con el respeto de quienes organizan y asisten. La pregunta para los gestores y ciudadanos es: ¿Queremos un festival de tecnología o un carnaval de identidad?


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